sábado, 18 de octubre de 2008

Capítulo II



Pourquoi tu pleures?
 - Pourquoi je me déteste?
Pourquoi tu pleures?
 - C'est tout ce qui me reste.


Supongo que no soy lo suficientemente "libre". 

Ayer me pareció haber vivido uno de los peores días de mi vida, creo haber perdido no solo a uno, como si fuese poco, sino a dos, si es que acaso no son tres. Los cuales, supongo, tendré que, desgraciadamente, agregar a mi cuenta personal de cuatro que llevo. Podría formar un nuevo record de la persona más inestable, indeseada y estúpida del mundo.

Probablemente sean los que más me hayan dolido, porque los primeros dos fui yo el que me tuve que ir, pero estos últimos dos (o tres), no lo vi llegar. Cada vez que sucede me sumo en una depresión, siempre tratando de continuar viviendo, me parece imposible, al ser humano me permito olvidar y dejar pasar, pero el proceso es largo y doloroso, casi insoportable. Supongo que tendré que dejarlo pasar, se que no será para siempre, pero a veces quisiera que así lo fuese.

Me presento, soy un extraño, no creí que lo fuera, hasta ayer, siempre me creí bienvenido, que la falta de contacto se debió simplemente a las diferentes labores que se deben cumplir de manera obligatoria, que no se trataba de algo deliberado, que cuando nos encontramos la situación era diferente, no era el mismo contexto, sin embargo, y muy a mi pesar se trataba del mismo. Fui introducido a dos personas que ya conocía anteriormente, con una de las cuales había compartido una buena charla con respecto a la política, la injusticia de la sociedad capitalista neoliberal y de la necesidad de reconocer las posibilidades que se tienen al alcance para ayudar a que todo sea mejor y que las diferencias no fuesen tan abismales, me dijo que el arte era el único medio de expresión, la única salida, la única escapatoria. 

En fin, yo, como siempre amable, me dio gusto saludarlas, a estas dos personas. Sin embargo el ser catalogado extraño, siendo un extraño me parece totalmente normal, pero sin serlo, debe ser doloroso, debe matar el corazón. Me alegra haberlo sido, por lo que no fue un incidente de importancia, no permitiría que unas pocas palabras mal escogidas arruinaran una noche en la que deseaba olvidar, no estar solo.

Bueno, me di cuenta que no estaba donde solía estar, parece que la situación cambió, la polémica se genera, se dan razones, argumentos y yo, callado, mientras no entendía nada de lo que todo se trataba, no podía preguntar, me quedé con la duda, pero me quebró, siendo la segunda puñalada del día.

A penas un par de horas antes había sido herido, no podía controlar la hemorragia que generó un buen pensamiento al negarme a dar mi brazo a torcer y la primera vez que me puedo acordar de haberme arriesgado, no resultó como yo esperaba. Sin embargo valió la pena, supongo que prefiero sentir dolor a no sentir nada en lo absoluto, menos mal soy un extraño. 

Puedo alejarme, irme con el que me encuentre y olvidar. El turno fue para un trio de bastardos, lo digo con cariño. Se que el alcohol no es la solución, pero es un buen ... barbitúrico. Sería el segundo que tomaba en el día, el primero no lo necesitaba, pero resultó ser efectivo, como lo había planeado, yo mismo lo creé.

Quisiera que todo regresara a la normalidad, a como era antes, en menos de seis meses ha tomado un rumbo diferente, casi opuesto, ahora, mas oscuro que nunca, me gustaría regresar a la terraza.

Impresionante cómo se torna el cuerpo de estable y sano cuando se es un extraño, no tienes que hablarle a nadie, por lo que no escuchas, ni dices mierda, comes lo necesario, el gusto no es un problema al cual ponerle atención y el instinto se convierte en esperanza. 

Sólo tienes que esperar, nada te tiene que importar, si acaso oprimir las teclas indicadas para que sea medio entendible lo que dices. Sino es probable que cualquiera te diga algo que te ponga a pensar; (ahí si que se pone grave la cosa, pensar es el peor amigo del hombre, no solo porque lo odia, sino porque tiene total poder sobre él, y no pueden vivir separados) un consejo, uno que pienso llevar a cabo, dejar de pensar.

Me apresuro a la colina, a destruirla, donde solía ir a meditar, ya no la necesito, tengo que dejar de pensar, solo me trae recuerdos, para recordar es necesario pensar, pensar es doloroso. No siento remordimiento, nada me puede detener, sentimientos, pensamiento, o instinto, porque ayer, la única razón que me hacía recrearme en el seno de mi querida colina, en lo alto de su cumbre, me ha llamado   Extraño.




"Celui qui n'a jamais été seul au moins une fois dans sa vie, peut-il seulement rêver, peut-il aimer jamais".

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