miércoles, 23 de marzo de 2011

Capítulo XIX - Anoche


House of Cards - Radiohead


Una infructuosa noche como cualquier otra en la que me encuentro atrapado en un bus camino a mi casa, más bien aislado que sentado de forma oblicua en un puesto para gente de la época en la que más o menos fueron hechos los buses, cuando la gente se dice que era más pequeña. Apartado de la realidad submerso en música que evita que me distraiga del flujo de paisaje con la gente que se retuerce y respira a mi alrededor, ciertamente tenía ganas de elevarme lejos de allí leyendo mi libro ya favorito sin haberlo terminado y sin conocer los otros libros de la trilogía, "El país de la Canela" de William Ospina.

Por más que mis ojos y mente selectiva se concentren en la distracción, no pude evitar que me distrajera el hecho que el bus llevara cinco minutos parado a la altura de la Javeriana además de los gritos del conductor que pude percibir por encima de una buena canción. Gritos dirigidos a un reflejo en el vidrio al que no quería dirigir la mirada, uno de tantos reflejos que distraían mi concentración, pero permiten realizar un escrutinio anónimo. Al ver un reflejo, éste no se siente observado, la fuerza de la mirada se disipa perdiendo su efecto perturbador.

A través de las notas y letras se filtraba la parafernalia narrativa típica de este tipo de situaciones, cuántas veces habré escuchado el caso de la hija que está en el hospital y se necesitan veinte mil pesos para pagar una cirugía la cual tiene que pagar urgentemente, o el caso de desplazados que llegan de algún pueblo que nadie ha escuchado en el huila, la gente esta cansada de este tipo de historias. Aunque algunos se van por lo tradicional y toman la violencia del país o el invierno como algo lógico que la gente entendería que sucede, se tiene más éxito con historias elaboradas tales como la de nuestro personaje.

No estoy diciendo que sea una historia inventada, sacada de un legendario Jonathan Peachum bogotano, porque seguramente no es así. Primero que todo se debe involucrar a la audiencia, comenzar saludando es una norma de cortesía necesaria, pero es sólo el primer paso, se debe llegar a causar un grado de interés tal que la gente se emocione en sacar su dinero, una pregunta que al mismo tiempo halague la inteligencia del espectador es entrar pisando fuerte, algo como: ¿Ustedes saben qué es el trastorno obsesivo bipolar? a lo que la gente moverá su cabeza en señal de entender perfectamente y estar dispuestos a saberlo todo sobre una enfermedad tan rara e interesante.

Podrán pensar que se trata de un truco, que lo hubieran detectado inmediatamente, y no estoy diciendo que sea una estafa, porque seguramente no lo era, pero pareció tener efecto en un bus lleno de gente que buscaba en qué distraer su atención. La historia debe continuar con relatos de los episodios y situaciones que no lograron sobrepasar los decibeles producidos por "All I need" de Radiohead que llegaban a mis tímpanos, pero que estaban acompañados de la imagen de un papel en el cual se encontraba la factura, orden médica, pagaré, cuenta de cobro, nada, etcétera.

En medio del relato, un experto logrará que la multitud atenta se lleve las manos a los bolsillos, carteras y billeteras impulsados por una que otra lágrima y no estoy diciendo que sean falsas porque seguramente no sea así, un sonido metálico pero armonioso de monedas revolcándose recorrió el bus y me dije que si hubiera sido yo el que estuviera estafando un bus entero, no hubiera podido evitar soltar una carcajada.

Una de las más entusiastas era precisamente la señora sentada al lado mío, ya de avanzada edad, ocupaba silla y media. No me sorprendió que precipitadamente llevara su mano regordeta al bolso, pero sí que extrajera un billete de cinco mil, agregando a su voluptuosidad y cliché.

Unas cuantas palabras más y llega el momento de la recolección, se pasa de puesto en puesto y con el dinero listo en cuestión de segundos tiene las manos tan llenas de monedas y billetes que para cuando llegó a mi puesto en medio del bus tuvo que meterselas en los bolsillos para seguir con la siguiente mitad.

Normalmente se procede a descender lo más rápido posible al terminar el relato, en el caso de que alguien lo suficientemente imprudente, ignorante, despiadado o desalmado cuestionara o dudara públicamente de la veracidad del relato, se debe mantener la serenidad, compostura e historia con el fin de sostener por encima de todo la concordancia narrativa porque no estoy diciendo que sea mentira, pero la misma historia la pudieron haber escuchado en mil buses a eso de la Javeriana esa misma noche.

jueves, 13 de mayo de 2010

Du Vin et Du Haschisch

El Vino

A veces me parece escuchar que el vino dice: - Él dice lo que piensa, con la voz de los espíritus esa que solo escuchan los espíritus. - "Hombre, amado mío, quiero llevar hacia tí, a pesar de mi cárcel de vidrio y mi cerraduras de corcho, un canto lleno de fraternidad, un canto lleno de alegría, luz y esperanza.

Yo no soy un ingrato, sé que te debo la vida. Yo sé lo que te ha costado trabajo y el sol sobre sus hombros. Me diste la vida, yo te recompensaré. Voy a pagar mi deuda largamente, porque siento una gran alegría cuando caigo al fondo de una garganta alterada por el trabajo.

El pecho de un hombre honrado es un viaje que me sienta mejor que estas bodegas melancólicas e insensibles. Se trata de una tumba donde cumplo mi destino con entusiasmo. Creo en el estómago del trabajador un gran revuelo, y de allí, por una escalera invisible subo a su cerebro y es cuando ejecuto mi danza suprema.

Alumbraré los ojos de tu vieja dama, la vieja compañera de tus tristezas diarias y la mayor de tus esperanzas. Enterneceré su mirada y voy a poner en el fondo de sus pupilas el brillo de su juventud.


El Haschisch

La mayor parte del tiempo, los novatos, en su primera iniciación, se quejan de la lentitud de los efectos. Los esperan con ansiedad, y como eso no pasará a la rapidez que desean hacen fanfarronadas de incredulidad que parecen simpáticas para los que ya conocen la manera en la que se gobierna.

Una de las cosas mas cómicas es de ver los primeros síntomas aparecer y multiplicarse en el medio mismo de la incredulidad. Primero una cierta risa absurda e irresistible se apodera de usted. Las palabras más vulgares y las ideas más simples toman una fisionomía bizarra y nueva.
Esta alegría le es insoportable a usted mismo, pero es inútil revelarse. El diablo lo ha invadido; todos los esfuerzos que usted haga solo servirán a acelerar el mal. Usted se ríe de su idiotez y de su locura; sus compañeros se ríen de usted pero a usted no le importa porque la benevolencia comienza a manifestarse.

Usted se siente bien, solamente una cosa le preocupa , ¿Cómo hará para salir de su pipa?, ella lo fuma y es usted el que sale, exhalado en la forma de una nube de humo azulada. Esta imaginación dura una eternidad. Un intervalo de lucidez con un gran esfuerzo le permite mirar el reloj, la eternidad dura un minuto. Otra corriente de ideas lo arrastra, lo arrastrará durante un minuto en su torbellino viviente y este minuto sera otra vez una eternidad.

Las proporciones del tiempo y del ser son perturbadas por la multitud de innombrables e intensas sensaciones.



El vino y el Haschisch tienen una cosa en común, el desarrollo poético excesivo del hombre. El gusto frenético del hombre por todas las sustancias, sanas o peligrosas, que exaltan su personalidad, testigo de su grandeza. Aspira siempre a reconfortar sus esperanzas y elevarse hacia el infinito.


Extracto de: Charles Beaudelaire, Les Paradis Artificiels

jueves, 28 de enero de 2010

Capítulo XVIII

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Before our innocence was lost, You were always one of those, Blessed with lucky sevens, And the voice that made me cry .


Decían que estaba loco, y tal vez lo estaba, lo cierto es que nunca fue lo mismo desde que los separaron, uno se llamaba negro y el otro se llamaba blanco, tenía los tornillos que le faltaban a su corazón, los tenía todos.

Andaba por la calle, sin realmente ver a nadie, sabía que fue él el que ordenó que se lo llevaran de la ciudad, una ciudad tan despiadada no era un lugar apropiado para crecer, y menos el centro, pero no podía soportar la idea de no tener a su amigo blanco a su lado.

Vivieron años juntos, desde que se escaparon del orfanato donde los obligaban a coser zapatos, caminaron por la ciudad hasta llegar a lo que considerarían su hogar, un carro Volkswagen abandonado debajo de un puente. De vez en cuando tenían problemas con la justicia, pero no por razones mayores al hambre.

Blanco tenía un sueño, vivir al frente del mar, en una casa que harían de madera, sembró una semilla de manzana cerca de su casa, pero no crecía, su estación favorita era la primavera, le brindaba alegría, el invierno lo hacía llorar, lo hacía llorar.

La ciudad crecía de forma acelerada, no importaban las almas que la habitaran, las ignoraba y pasaba por encima de ellas, ciertamente nuestros personajes eran un estorbo al desarrollo, se convirtieron en un problema, tanto así que el hombre más rico de la ciudad en persona se encargó de que fueran perseguidos.

No estaban seguros en ninguna parte, los guardias tenían la orden de aniquilarlos, éstos guardias tenían algo en particular, no eran humanos, ya se decía que sucedían cosas extrañas en esta ciudad, pero éstos guardias eran el seguro contra todo tipo de revuelta en la población y el seguro para el poder de quien los manejara.

Una noche descubrieron donde dormían, tuvieron que salir corriendo, llegaron a un callejón, fueron golpeados, lanzados contra las paredes con una fuerza impresionante. A punto de morir negro, blanco coje una botella y la rompe contra la cabeza del guardia, inmediatamente salen corriendo.

Teniendo que saltar de techo en techo, blanco se cae, se golpea fuerte, cae sobre su espalda, negro, quien logró caer sobre una pila de basura lo recoje y lo lleva, pero de igual manera son alcanzados y lanzados hacia el cielo por este guardia que los perseguía, blanco cae sobre el techo de un edificio, negro y el guardia caen a través del techo de una bodega. Al tomar conciencia negro se da cuenta del charco de sangre que emana de la cabeza del guardia, se pregunta cómo estará blanco, sin darse cuenta que el guardia se levanta y lo coje por la cabeza, lo levanta a dos metros, desenvaina su espada. Cae un chorro, el guardia se detiene, cae un fósforo, se quema, se quema.

Corren, blanco susurra incongruencias, no puede caminar por sí mismo, tienen que salir de esa ciudad, blanco se desespera, necesita su muñeco de trapo, la dejó en la casa, negro va a recojerlas, advirtiéndole que no se moviera de donde estaba, refujiado detrás de unas canecas de basura, ya iba a oscurecer. Blanco recuerda que no ha regado su planta, por eso no crecía, tenía que regarla.

Negro pierde a blanco, no está, llueve, regresa a la casa. Sentado, esperando, llega blanco, ha sido encontrado por un guardia, tiene una espada atravesándole el estómago, se desmaya en frente de negro, le dice que los peces vuelan, que muy pronto pasará el invierno.

Dicen que es un milagro cómo había logrado sobrevivir un niño con una herida tan grave, negro no se separa de él ni un segundo, hasta que despierta, le dice que todo estará bien, que se irían de esa ciudad y que vivirían en el mar y que haría una casa de madera y que nunca habría invierno. La orden es enviar a blanco a una casa donde lo cuidaría la autoridad, así se llevó a cabo.

Blanco, seguro, negro, solo. Las noches se hacían cada vez más largas y esta oscuridad se apoderaba del corazón de negro, al ser perseguido, no podía dormir, desarrolló una sed de sangre, cada vez más seguido eran asesinados hombres de negocios, en la ciudad se generó un mito urbano alrededor de él, se dice que se volvió loco, se dice que si se le menciona tres veces te asesina, y en ciertos casos era cierto.

Así pasó muchas noches, tratando de encontrar un poco de cordura, lo cierto era que viviendo en la ciudad nunca nada sería como lo fue. Un ente era la mayor parte del tiempo, no se daba cuenta de lo que hacía, era puro instinto, de repente, un día se sintió conectado, aquél al que no había visto hacía años ya, sabía lo que pensaba, lo que era fundamental, asesinar, se enfrentó sólo a los guardas, llegó al despacho, ya estaba muerto.


lunes, 14 de diciembre de 2009

Capítulo XVII - Del Calor Al Color

 

Wouldn’t it be nice…

 

 

Ese verano de hace años fue el más interesante que tuvieron, una época más simple, sin las preocupaciones mundanas que provoca la vida de un ciudadano. A mediados del año 2008 una ciudad vacía en lo alto de los andes se sobrecalentaba intensamente por la intervención de una gran estrella.

 

La cita se daba en el momento en el que el sol se encontraba en lo más alto del cielo, cuando intentar escapar de sus lenguas ardientes era casi imposible, sobretodo donde se encontraban, en donde las únicas sombras presentes eran aquellas que provenían de ellos mismos. Luego de un ascenso vertical de ocho o nueve pisos, precedido por un trayecto de escalada, el más riesgoso del recorrido ya que los peldaños corroídos por el óxido no daban una buena espina de la propia seguridad, y el temor de ser percibidos parecía únicamente preocupar a uno.

 

Obteniendo un pase de entrada inmediato al poseer nuestra cara despejada (resultado de la costumbre escolar establecida) y nuestro uniforme rojo y gris que en realidad para ésta época era más verde que rojo, extraña coincidencia (también resultado de una estandarización humana aparentemente totalmente necesaria), terminaban sentados en lo que parecía una brea a medio secar, ya que el resultado eran unos pantalones mugrosos que solo a Zorrilla se le ocurría llevar claros, mientras que yo ya estaba acostumbrado a ver al costeño volverse mierda la ropa con cualquier cosa que comía, tomaba o fumaba.

 

Las horas simplemente se deslizaban entre cajas de cigarrillos, botellas de agua, latas de cerveza y pipa tras pipa de verde, verde hierba. El sol se escurría a través de las nubes hasta que llegaba a ser más rojo que nuestros sacos, para luego ocultarse completamente detrás de un horizonte desde donde se puede supuestamente ver la sierra nevada de Santa Marta, un lugar mágico literalmente mágico con duendes, hadas y la dorada … Le procedía una penumbra apaciguada por las luces amarillentas de la ciudad que a lo lejos parecen titilar como velas hipnotizando a cualquiera que por cualquier razón se pare a observarlas. Estas mismas luces lograban iluminar el cielo con su resplandor que se traducía en la bóveda celeste como un rosado brillante jugando con nuestra imaginación al colarse entre las siluetas de las nubes.

 

Así fuimos jóvenes en una época más simple, posteriormente los caminos tomados fueron diferentes, errores, aciertos, actitudes, forma de pensar, todo cambió después de perder ese sitio tan maravilloso, cada uno tuvo un gran éxito en sus respectivas áreas, y luego de veinte años se reúnen a recordar y sus mentes siguen volando hacia éste lugar donde ya nadie más pondrá un pie jamás.

jueves, 29 de octubre de 2009

Capítulo XVI – De las noches en vela

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Anoche estuve deambulando sin poder dormir, la ciudad se hallaba inmersa en una aurora de temor que se esparcía por sus calles silenciosas. Como un simple adolescente me dediqué a buscar fortuna en un lugar completamente abandonado, la peor de las pestes caía y los sobrevivientes eran pocos. Comenzó como un simple experimento y parecía inofensivo, la primera vez que lo escuché me pareció interesante, luego, simplemente se volvía inevitable, ni rastro de humanidad quedaba. Una de las sustancias más adictivas, bizarras y extremamente retorcidas corría por mi cuerpo, por mis vasos sanguíneos dilatados que no me permitían ver lo suficientemente bien como para poder controlar mis extremidades, ni mi voz, ni mi mente. Adrenocromo, una hormona que solo se encuentra en el cuerpo humano, producida por la glándula pituitaria, donde Aristóteles creía que se producía la flema, está la fuente de la vida eterna. Es necesario consumirla lo más fresca posible, el valor necesario puede ser demasiado, ser discreto, ubicar el objetivo, preferiblemente joven. Con la mente fría se ubica el puñal en la nuca de la victima desprevenida y se realiza una incisión lo suficientemente certera para llegar a la yugular, rápidamente, retirar el puñal y dejar sangrar hasta el desplome. Todo depende de la precisión ya que un mal procedimiento puede resultar en un torbellino de agonía innecesaria. Posteriormente se procede a realizar la extracción de la glándula tan deseada, se debe tener un conocimiento suficiente de la anatomía humana ya que un inexperto podría no identificar el órgano o incluso dañarlo. Una vez extraída se debe masticar para exprimir la mayor cantidad de la hormona posible. Cada vez que lo hago algo me hace pensar en esas películas de zombies que siempre son malas, un montón de gente que camina arrastrándose y que babean en busca de cerebros, yo me imagino como un hombre lobo, algo voraz, que tiene todo bajo control, que sus movimientos son indetectables, que ataca de una manera certera a su víctima y continúa su camino en la oscuridad, que nunca se le ve de día e infunde temor en la población la cual lo considera un mito, que creer que un ser tal es solo fruto de la imaginación, pero que en el fondo prefiere caminar por la mitad de la calle evitando las zonas oscuras detrás de los árboles ya la vuelta de cada esquina. Nunca recibiré mi merecido y no le temo a la muerte, la he visto a los ojos y ha salido corriendo, todas las noches seguiré buscando, acechando en las frías calles de la enferma Bogotá.

 

 

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martes, 25 de agosto de 2009

Capítulo XV – Vivir para contarlo

 

 

La vida perece tener un solo, único y simple sentido, como un vector que se desplaza en el espacio, que no toca nada, que simplemente, va atravesando las cuatro dimensiones a su gusto y sin control, un solitario errar, quien se sienta solo lo estará, pero el que no, será la persona más solitaria del mundo.

 

Mi cuerpo es persistente en el tiempo, solo así me reconozco, podré estar viviendo en un total error, porque ni siquiera esto es cierto.

 

Cada vez que nos vemos al espejo, es tan seguido que parecería que se puede retroceder sin que los cambios sean más que diferenciales, pero los procesos reversibles son imposibles, la energía, el tiempo, hace que nunca se recupere, calor, trabajo perdido, desperdiciado en el ambiente generando desorden, entropía.

 

La vanidad hace que cada vez sea más frecuente cuando nos miramos al espejo, haciéndonos ciegos e ilusos, para despertar un día y darnos cuenta de los estragos del tiempo y las tristezas del pasado, el tiempo perdido y las vidas acabadas.

 

Pero, si no fuera por esto, ¿Cómo sabría quien soy? … JuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFrancoJuanJoséZapataFranco.

 

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viernes, 17 de julio de 2009

Capitulo XIV - Mercedes Benz

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Fue por ese entonces que me comenzó una estornudadera la berraca, en todo lado cada calle, en cada esquina , en cada parque y en cualquier bus, con cualquier amigo, con cualquier sustancia. La garganta me carraspeaba como una locomotora vieja intentándose prender, las ñatas rojas como las de float. En tiempos de pestes raras, envases de coca cola cada vez más grandes, tiempos de economizar plástico y vidrio, tiempos en que muchas gentes tomaban de pocas botellas, oh tiempos de pestes raras, que curiosa y farmacéutica relación que tiene la coca cola y las pestes raras, en fin.
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Yo caminaba por esas calles pestilentes siendo yo por supuesto, mucho más pestilente, se me paso por la cabeza largarme y efectivamente lo hice, por unos cuantos pesos se le puede arreglar la vida, y en estos tiempos de pestilencia, es mejor prevenir. Parece que estuve bien de malas porque no iba a mitad de camino cuando comenzó a llover, sin otra posibilidad, me refugie, prendí un cigarrillo y me decidí a seguir caminando, la canción al oído me procura calma mientras la ansiedad no me deja ni parpadear, tenía que llegar de inmediato. Me di cuenta del color de las plantas y seguí mi camino.

El alma de los traidores reposaba inmóvil sobre el vidrio de mi mesa de noche, debajo del vidrio hay algunos recortes de periódico y alguna foto que otra, una frase que repetía un gato robot en la televisión: “Espada del augurio permíteme ver mas allá de lo evidente”, una camioneta Volkswagen modelo 69’ y sí, cuidado con los ácidos marrones, repetían en Woodstock, cuna de millones, pero de dos en realidad. La lista de canciones de Let it Be… naked, el disco que jamás se terminó, George Martin montó unos arreglos, llamó al negro Preston para que terminara de reventar ese piano y lo publicó como LET IT BE… nótese que su portada son cuatro fotos aparte, los pobres dueños de las disqueras decidieron publicar …naked, Caicedo y su libro negro, Cortázar desesperado por la publicación de sus inesperados.
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Fue un día bastante largo, de una semana bastante larga, casi interminable, debido a la ausencia de festivos. Corría como siempre, sin percatarme esta vez que, todo había cambiado, la realidad no era la misma pero al recordar, leyes rotas y fuego, la revolución había comenzado, era tiempo de acabar.
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Vaya si comimos ácidos aquella tarde...
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