domingo, 1 de marzo de 2009

Capítulo VIII

 

 

Marzo 17;

Para el día de mi cumpleaños habíamos pasado de Biarritz a Albi junto con una pareja de españoles que vivían en este pueblo pero que habían ido a visitar unos familiares, muy amables ellos, nos dejaron quedarnos una noche en su casa antes de partir a Castelnaudary que no quedaba a más de 60 km.

Al otro día caminamos por la autopista y llegamos a un área de descanso, allí nos bañamos y lavamos nuestra otra muda de ropa. Los españoles nos habían dado un poco de dinero y teníamos algunos dólares desde cuando salimos, además de unos cuantos euros que ganamos en el bar y en la calle cantando.

Llamamos a Katia, quien ya estaba preocupada por nuestra tardanza, ella misma nos fue a recoger en el auto de su padre, nos llevó a su casa y nos preparó una comida como para ocho con la que no podíamos ni siquiera. Por la noche nos llevaron a Toulouse, al apartamento de ella porque estudiaba en esta ciudad, era algo pequeño pero nos acomodamos.

Katia y yo llevábamos demasiado tiempo esperando este momento que no nos importó la presencia de Lucas, quien salió inmediatamente a dar una vuelta, y tuve la mejor noche de mi vida. Estuvimos juntos toda la noche y por la madrugada salimos a fumar un cigarrillo por las orillas de La Garonne.

Al otro día, Katia tenía que ir a estudiar, pero se quedó todo el día conmigo, a eso de las 12 am llegó Lucas, quien también parece haber tenido una buena noche en la ciudad. Esa tarde almorzamos en la casa de unos amigos de hace tiempo que fuimos a visitar, una deliciosa comida colombiana que devoramos, por la tarde todos nos quedamos tomando en las Praderas de los Filtros hasta el otro día.

Por la mañana Katia se fue y nos pusimos a buscar trabajo, ese mismo día yo conseguí trabajo en una tienda que necesitaban alguien que hablara inglés y español, además de francés para atender a los clientes extranjeros, Lucas no tuvo tanta suerte y le tocó quedarse  en la parte de mercancía cargando cajas, aunque no se quejaba, le tocaba menos pesado que quedarse todo el día atendiendo en una mesa.

Así estuvimos tres meses, hasta que ya teníamos bastante ahorrado y exactamente el 22 de Junio habíamos renunciado a nuestros puestos y nos embriagamos toda la noche, básicamente como lo hacíamos cada tres días. Por la noche me despedí de Katia como se debía y me reuní con Lucas quien también salía de la casa de una amiga que Katia nos presentó y donde había vivido por los últimos mes y medio. Compramos un tiquete de bus y por internet el de avión, pero cuadrado para salir desde París dos días después. Partimos de inmediato y a las seis horas y media ya estábamos en París, compramos botellas de vino y nos las tomamos en frente de la Torre Eiffel, y como era debido para la ocasión, nos las arreglamos para orinar en una de las columnas de la torre, la sur que es la más escondida por los árboles y la que menos visible es.

Nos quedamos en los Campos de Marte hasta que se oscureció totalmente, de allí nos fuimos a dar una vuelta por los Campos Elíseos y dimos una interesante vuelta por los Bois de Boulogne, donde pasamos toda la noche y estuvimos despiertos a ver el amanecer.

Todo un día para esperar y sabíamos que podíamos dormir en el avión, así que nos gastamos lo último de dinero que nos quedaba en alcohol y caminamos hasta el Mont Martre donde nos sentamos a observar al ciudad hasta que el sol se puso rojo.

Pedíamos dinero para poder entrar a uno de los cabarets del distrito rojo, nuestro sueño fue el Moulin Rouge, pero resultaba inalcanzable, así que nos conformamos yendo a uno de menos categoría, pero igual valía, Le Chat Noir, igualmente caro, podíamos pedir unos tragos y observar el espectáculo.

Salimos cuando nos echaron, siempre con un pequeño trago en los vasos como para decir que seguíamos consumiendo, a las 3 am que salimos nos compramos nuestra última botella de ron, que más bien fue robada, y nos la bebimos en una de las orillas del Sena, con un parche que nos conseguimos de francesitos estudiantes de latín al frente de Nôtre Dame.

Ya pasadas las horas teníamos que llegar al aeropuerto a las 10 am, cogimos el metro y casi nos quedamos dormidos y nos pasamos de la parada, pero nos reubicamos rápidamente para llegar a registrar el equipaje, los dos habíamos ya viajado anteriormente varias veces así que no hubo mucho problemas, además como nos dirigíamos a Colombia, la seguridad fue mínima.

Nos pidieron nuestros pasaportes, los cuales, originales los habíamos traído, para devolvernos, nos llamaron de aduana, nos revisaron las maletas para ver si no teníamos ningún tipo de droga o armas, las cuales no teníamos, también nos revisaron a nosotros, la ropa y todo, hasta con rayos x, pero no nos encontraron nada, y como nos dirigíamos de regreso a nuestro país nos dejaron coger el avión en último momento, pero no creo que nos vuelvan a dar visa porque nos registraron y reportaron que habíamos estado ilegalmente en Francia.

Finalmente llegamos a Bogotá, caminamos desde el aeropuerto hasta mi casa, por la 26, callados como si no hubiéramos estado más de tres meses juntos, simplemente pensando, recordando, de vez en cuando uno se reía, se las historias del Ruso, de los soles ponientes rojos que nunca se querían caer, las lunas descaradas, tan cercanas a la tierra que nos elevaba hacia ella y nos hacía verla diez veces más grande, todo lo que sucedió y que ahora estemos de vuelta. Llegamos y Lucas cogió un bus en la 53 y se fue a su casa.

Era 25 de Junio y había pasado la más arriesgada experiencia de mi vida, después de eso, se que puedo morir tranquilo, ahora sólo queda volver y continuar con la vida tal y como la dejé. Tal vez el próximo año lo vuelva a intentar, esta vez, por Buenaventura.

No hay comentarios: