jueves, 16 de julio de 2009

Capítulo XII

.
Su pelo era rojo, rojísimo, tan rojo que despertaba los más perversos pensamientos al sol del los venados, siendo él el que hacía resplandecer su cabellera roja que le llegaba hasta la cintura. Era blanca como el papel que ya no utilizo para escribir y sus labios tan azules que sólo se podían comparar con el color de sus ojos. Muchas veces ha sonreído pero nunca he sido capas de ver. Le gusta sentir la hierba entre los dedos, por eso a veces camina descalza y habla con las plantas.
.

No hay comentarios: