viernes, 17 de julio de 2009

Capitulo XIV - Mercedes Benz

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Fue por ese entonces que me comenzó una estornudadera la berraca, en todo lado cada calle, en cada esquina , en cada parque y en cualquier bus, con cualquier amigo, con cualquier sustancia. La garganta me carraspeaba como una locomotora vieja intentándose prender, las ñatas rojas como las de float. En tiempos de pestes raras, envases de coca cola cada vez más grandes, tiempos de economizar plástico y vidrio, tiempos en que muchas gentes tomaban de pocas botellas, oh tiempos de pestes raras, que curiosa y farmacéutica relación que tiene la coca cola y las pestes raras, en fin.
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Yo caminaba por esas calles pestilentes siendo yo por supuesto, mucho más pestilente, se me paso por la cabeza largarme y efectivamente lo hice, por unos cuantos pesos se le puede arreglar la vida, y en estos tiempos de pestilencia, es mejor prevenir. Parece que estuve bien de malas porque no iba a mitad de camino cuando comenzó a llover, sin otra posibilidad, me refugie, prendí un cigarrillo y me decidí a seguir caminando, la canción al oído me procura calma mientras la ansiedad no me deja ni parpadear, tenía que llegar de inmediato. Me di cuenta del color de las plantas y seguí mi camino.

El alma de los traidores reposaba inmóvil sobre el vidrio de mi mesa de noche, debajo del vidrio hay algunos recortes de periódico y alguna foto que otra, una frase que repetía un gato robot en la televisión: “Espada del augurio permíteme ver mas allá de lo evidente”, una camioneta Volkswagen modelo 69’ y sí, cuidado con los ácidos marrones, repetían en Woodstock, cuna de millones, pero de dos en realidad. La lista de canciones de Let it Be… naked, el disco que jamás se terminó, George Martin montó unos arreglos, llamó al negro Preston para que terminara de reventar ese piano y lo publicó como LET IT BE… nótese que su portada son cuatro fotos aparte, los pobres dueños de las disqueras decidieron publicar …naked, Caicedo y su libro negro, Cortázar desesperado por la publicación de sus inesperados.
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Fue un día bastante largo, de una semana bastante larga, casi interminable, debido a la ausencia de festivos. Corría como siempre, sin percatarme esta vez que, todo había cambiado, la realidad no era la misma pero al recordar, leyes rotas y fuego, la revolución había comenzado, era tiempo de acabar.
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Vaya si comimos ácidos aquella tarde...
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